Floating Points y Pharoah Sanders. Promises

Algo trajo la pandemia al mundo: Caos, desesperanza, una imprudente desigualdad endémica y la introspección.

Apocalíptico y génesis a la vez, el 2020 fue el año de la música ambient y no veo motivos para que ese galardón no se extienda durante el 2021 ya que las condiciones de existencia (o supervivencia) no han cambiado considerablemente. ¿Será la música ambient la disolución epistemológica dentro de la música, cuan Duchamp en el arte? Tendremos que esperar para ver eso. 

Hay muchas formas que hacen a la música ambient y el disco del que les hablaré incluye al menos dos de ellas, las mas importantes quizás. Por un lado, es un disco beatless (sin beat) y por otro cuenta con la presencia de un loop en base a un pequeño arreglo de piano, cuya repetición trasciende los límites de los tracks para unificarlos bajo un mismo nombre (todos se llaman Movement). Es un entrar y nunca soltar.

Guía del ocio

Este disco fue editado en 2021 y se conjuga con la reciente muerte de mi madre, lo cuál aumenta la necesidad de expresar las emociones que esta obra despiertan en mí. Allí radica la importancia de la experiencia estética. En su carga de subjetividad es en donde nace la sentencia de que la obra sea hermosa o no.

No hay sentido en el hecho de negarse frente a una propuesta con piano, orquesta y un saxo de Sanders que nunca deja de recordarnos que la memoria es indefectiblemente perfecta y autómata al momento de comparar. Sanders siempre sonará a Coltrane, él fue músico de Coltrane y de hecho se caracteriza por el uso de sheets of sound, un tipo de improvisación propia de Coltrane. 


Mas Jazz Digital

Sin embargo, la reminiscencia provocada por la manera en que Sanders toca el saxo no juega el rol del retorno en el tiempo. No tiene pretensiones retro, ni vintage, ni hauntológica. No implica un retorno melancólico a un tiempo irrepetible e inalcanzable, Promises es un disco moderno, no posmoderno, es un disco actual, pandémico que provoca familiaridad en una época apocalíptica, una familiaridad con sabor a jazz centrado en el minúsculo piano que se repite como eco de algo acontecido fuertemente.

Yo sostengo que la pandemia ha puesto un punto y aparte en la escritura de la música basada en los parámetros pop. El loop parece haber corrido de la centralidad a la estructura tradicional estrofa/estribillo, la valoración del tiempo ya no está marcada percusivamente, ¿Puede una canción beatless ser indicativa de rapidez o lentitud? Claro que si. El mismo arreglo a través de los tracks separado por segundos de silencio es esplendidamente lento. Un ejercicio de paciencia en un mundo automático, veloz y ahistórico.

Es así el tiempo en este disco, el tiempo que se hace cuerpo, se incorpora para bien de nuestra salud que se ha acostrumbrado a que el único tiempo que se hace cuerpo es el de la producción, el del trabajo diario.

Wall Street Journal


Durante varias escuchas he jugado a darle un rol al silencio. Por las mañanas con las ventanas abiertas, los tracks se conjugan con el sonido de los pájaros y de las hojas secas de los árboles, con algunas voces que vienen de afuera, cuyas expresiones no se entiende pero impregnan de presencia y humanidad el silencio musicalizador. Por las noches el silencio se vuelve sonido, ya no un espacio sin límites, es el espacio en el que se da la dialéctica entre melodías, paisajes sonoros, instrumentación, etc. Ese silencio que en un disco de Burial solo encontramos en la transición de un track a otro, en Promises de Floating Point tiene otro sentido, es por eso que quien se distraiga nunca se entera de que el disco en cualquier momento está a punto de terminar o de volver a comenzar.

En ese sentido, el modo de escucha que propone el disco sí es un retorno a mi casa de adolescente, o incluso a la de mi niñez, a la forma de escuchar música con mi madre. Es un volver a la totalidad, no al fragmento. Escuchar un disco, dedicar un tiempo, valorar lo hecho, apreciarlo como experiencia no efímera en un época veloz y automatizada, implica un retorno a mis hogares anteriores lejos de la aleatoriedad y la clasificación de la música en hits y no hits. Escuchar un disco ya no es habitué aunque sí podría sonar a cool. 

Esta música muestra otras intensidades, no es retro (en sentido de la moda posmoderna) pero si moderna, es consciente de que, como se ha planteado, el proyecto modernista quedo inconcluso. Esta música no se muere en la vacuidad del consumo empaquetado a pesar de que seguro sabe mejor en vinilo que en plataformas digitales. Nada de desintegrarse, nada efímero, ninguna superficialidad.

Pienso. Escribo sobre esta mesa y giro mi cabeza. El track 6 (Movement 6) me dice que el disco va pasando y aún no me doy cuenta de que no va a cambiar ese repetitivo arreglo que inicio en Movement 1.

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